MAS DE 35 AÑOS DE HISTORIA


En marzo de 1980 aparece en las vidrieras de algunos comercios un volantito convocando a un curso de cine que se dictaría el mes siguiente en un instituto de música municipal. Como ejemplo típico de la forma que en esa época se pensaban la educación y la cultura, desde algún escritorio provincial se inventaron contratos transitorios con docentes de arte a quienes dejaban librados a sus propios recursos, sin lugar ni medios para desarrollar ningún proyecto.
Pero en Vicente López ese hueco inicial fue llenado por el dinamismo de los protagonistas de la experiencia. El compromiso de las autoridades municipales confluyó con la fuerza de una convocatoria que logró reunir a un grupo muy numeroso de amantes del cine.
Fue así que un año después, la Municipalidad de Vicente López formalizaba el primer Taller de Cine de toda la zona norte de Buenos Aires.

 

255916_415145608560067_978719260_o

El empuje y el interés de los primeros grupos de estudiantes hicieron que lo que empezó como un curso pudiera desarrollarse e incluir nuevas materias, docentes, aulas y equipamiento. Una alumna propuso ponerle nombre a lo que hacíamos: Taller de Cine Contemporáneo. Estaba claro que en ese momento ya funcionábamos como un verdadero taller cinematográfico, pero lo de “contemporáneo” era una apuesta al futuro: si queríamos seguir siendo contemporáneos, tendríamos que actualizarnos todo el tiempo.
Unos años después apareció la oportunidad de dar cuenta de esa apuesta. El cuerpo docente, después de sucesivos e infructuosos retoques a materias, programas y planes de estudio, llegó a la conclusión de que el sistema desarrollado no cumplía con los objetivos buscados; nuestra enseñanza adolecía de las mismas limitaciones que la mayor parte del sistema educativo, al que por supuesto, mal o bien, copiaba. Se imponía un cambio.
Fue entonces que nos transformamos en una escuela experimental, las clases teóricas y los trabajos prácticos se construirían sobre las singularidades de la producción real, la experiencia pasaría a ser la columna vertebradora de la enseñanza.
El principal resultado fue inmediato: ningún alumno podía atravesar el experimento sin conmoverse y su formación adquiría así el sentido de “aprender”, que es “comprender”, “hacerse dueño”, en contraposición al viejo sentido de “enseñar” que es apenas “mostrar las señas”.

En los siguientes veinte años desarrollamos esa idea de escuela-taller de realización, atravesando en el camino una enorme cantidad de cambios; desde los político-culturales, con épocas donde el liberalismo predominante relegaba la escuela pública y nos transformaba en una rareza, hasta los tecnológicos, que transformaron equipos, técnicas y conocimientos en objetos de museo. Tal vez la única constante en todos estos años haya sido el alumnado, que renovándose cada año y siempre joven, nos obligaba a rejuvenecernos aunque fuera para no pasar a formar parte de aquel museo.

En el año 2005, la Municipalidad de Vicente López decide independizar a la escuela del CEAVAO, otorgándole además una sede e infraestructura propias, permitiendo un gran salto de calidad en el funcionamiento y en el desarrollo de nuestras actividades.